“¡Fvoom!”—Tactility and memories of movement, an interview with Ana Ragá

“¡Fvoom!”—Tactility and memories of movement, an interview with Ana Ragá

“And, look: it’s happened to me on many occasions—art is not supposed to be touched, or at least that’s what we’ve been sold. But…they can’t resist it! It’s like a cake, you kind of have to touch it.”

Sunlight filters in through a floor-to-ceiling window, illuminating sculptural brushstrokes that invite the urge to caress, even from the other side of a computer screen. For Ana Ragá, the paintbrush is an extension of her own tactility; traces of fingers across skin, raspy peaks of hardened paint, memories of movement. The jalisciense painter, now based in San Miguel de Allende in Guanajuato, Mexico, describes her painting as an amplification of both the gaze and of touch. With a passion for depicting the diverse stories held within the body in motion, Ragá’s portrait subjects have ranged from a passenger on the metro in Mexico City to the Chilean dancer María Pinchulef, rendering paintings that feel alive, mobile, and palpable. 

“They are very thick brushstrokes, with a lot of material. Although… it is the portrait of someone else, it is a way for me to be present in the work. That brushstroke becomes like a trace of you. Somehow, you approach the painting and you have a very three-dimensional approach.”

“Y, mira: me ha pasado en muchas ocasiones—se supone que el arte no se debe de tocar, o al menos eso es lo que nos han vendido. Pero…¡no lo pueden resistir! Es como un pastel, como que tienes que manosearlo.”

Los rayos de sol se filtran a través de una ventana que va del suelo al techo, iluminando pinceladas tan escultóricas que invitan a acariciarlas, incluso desde el otro lado de la pantalla de una computadora. Para Ana Ragá, el pincel es una extensión de su propia tactilidad: huellas de dedos sobre la piel, picos rasposos de pintura endurecida, recuerdos del movimiento. La pintora jalisciense, radicada ahora en San Miguel de Allende, Guanajuato, México, describe su pintura como una amplificación tanto de la mirada como del tacto. Apasionada por representar las diversas historias albergadas en el cuerpo en movimiento, los sujetos de los retratos de Ragá incluyen tanto un pasajero del metro de Ciudad de México como la bailarina chilena María Pinchulef, dando lugar a cuadros que se sienten vivos, móviles y palpables.

“Como qué son pinceladas como muy gruesas, con mucho material. Aunque…es el retrato de alguien más, es una forma de como, para mí, de estar presente en la obra. Esa pincelada se vuelve como una huella tuya, entonces…de alguna forma, tu te acercas a la pintura y tienes como un acercamiento muy tridimensional.”

Ana Ragá, “El alma y el cuerpo” (2021). Courtesy of the artist.

Ragá is leaving her mark on the contemporary painting world through her mastery of movement. In an ongoing series, Ragá collects the afterimages of mobility in dripping paint and angular brushstrokes in a collaboration with dancer María Pinchulef; she shows her brush to me through Zoom, large and frayed, bleached by time. 

“I used [this]… to make it possible to see exactly where the brush passed–then ¡fvoom! the movement was seen, very fast.” Techniques such as these lend a sensitivity to her works, as if seeing the passage of the brush allows us to enter the studio and witness Pinchulef dance right in front of us as we follow along. This is the “three-dimensional approach” Ragá highlights in her work: we are painter, subject, and spectator, wrapped up in a portrait that simultaneously exists on and off the canvas. 

Still, movement is simply another facet of the tactility that is ever-present in Ragá’s work. Her previous series, “A flor de piel” (2018), focuses on the skin in impressionist portraits through highly textured brushstrokes. The phrase “A flor de piel” (flower of the skin, in English) refers to emotions so strong they bubble up, appearing on the skin: redness in the cheeks, smiles caught up in the eyebrows, lines framing the mouth.

“We have so many features on our skin, it’s like a map of our life…it’s the book where you go writing your life.” 

Here, too, it is tactility that informs the portrait. In “Persa,” melancholy draws down the eyes along the nose lines towards the beard, the heavy contours almost weighing down the skin. In contrast, the brushstrokes in “Ámbar” angle upwards, light permeating the folds of the skin, infusing them with a sense of colorful placidity. Both paintings question the very idea of a “skin color”, composed instead of textured networks of shades. In understanding the skin, Ragá shows a sensitivity to light and density, informed by the very palpability of the paint.

Ragá está dejando su huella en el mundo de la pintura contemporánea a través de su dominio del movimiento. En una colaboración con la bailarina María Pinchulef, Ragá recoge las impresiones posteriores de la movilidad en pintura goteante y pinceladas angulosas. Me muestra su pincel a través de Zoom, grande y deshilachado, blanqueado por el tiempo.

Utilicé [esto]… para poder ver exactamente por dónde pasaba el pincel… entonces ¡fvoom! se veía el movimiento, como muy rápido”. Técnicas como éstas confieren una sensibilidad a sus obras, como si ver el paso del pincel nos permitiera entrar en el estudio y presenciar la danza de Pinchulef, siguiendo los movimientos con nuestros ojos. Este es el “acercamiento muy tridimensional” que Ragá destaca en su obra: somos pintor, sujeto y espectador, envueltos en un retrato que existe simultáneamente dentro y fuera del lienzo.

Aun así, el movimiento es simplemente otra faceta de la tactilidad que está continuamente presente en la obra de Ragá. Su serie anterior, “A flor de piel” (2018), protagoniza la piel en retratos impresionistas a través de pinceladas de gran textura. Aquí, la frase “a flor de piel” hace referencia a emociones tan fuertes que burbujean, apareciendo en la superficie del cuerpo: rubor en las mejillas, sonrisas atrapadas en las cejas, líneas que enmarcan la boca.

“Tenemos tantos elementos en nuestra piel, es como un mapa de nuestra vida..es el libro donde vas escribiendo tu vida”

También en este caso, la tactilidad condiciona el retrato. En “Persa”, una melancolía hace descender los ojos a lo largo de las líneas de la nariz hacia la barba, los contornos oscuros casi pesando sobre la piel. En cambio, las pinceladas de “Ámbar” se inclinan hacia arriba: la luz traspasa los pliegues de la piel, infundiendo a su vez una sensación de euforia colorida. Ambas pinturas cuestionan la idea misma de un “color de piel”, compuesto en cambio por redes texturizadas de matices. Al entender la piel, Ragá muestra una sensibilidad a la luz y a la densidad, informada por la propia palpabilidad de la pintura.

Ana Ragá, “Ámbar” (2018). Courtesy of the Manuk Gallery
Ana Ragá, “Persa” (2018). Courtesy of the Manuk Gallery

Ragá and I also chat a bit about the presence of oil paint, how it curls sculpturally against the canvas, jutting out towards the spectator. Touch has a short memory. It’s difficult to remember how something feels, requiring instead a constant commitment, a relationship, a desire to stay in contact. Ragá describes her work as a “tool of struggle,” a political fight against the ways in which women (and women artists) are constructed. “Women are truly distressed because, being a woman is dangerous…‘fight’, in this instance, means that you want to change something.” Mexico, along with much of Latin America, remains immersed in a patriarchal, machista culture, with rising femicide and gender-based violence dominating both headlines and personal narratives. Through the representation of autonomous women and her own visibility as a successful woman painter, Ragá is interested in changing the narrative, empowering young girls to see alternate ways of being, living, and creating. 

I wonder aloud what the responsibility is of the audience, especially an anglophone one, interacting with her work and its political underpinnings. We reach out to touch, but what does our presence, our viewership, our caress achieve here? “I don’t know if [the audience] has an obligation per se. I think as humanity we have an obligation to be more empathetic with others and to try to help, although at least sharing what you have I think is important…sharing what you have and what you know.”

An exercise in solidarity and empathy? She nods in the affirmative.

Ragá y yo también charlamos un poco sobre la presencia de la pintura al óleo, cómo se enrosca esculturalmente contra el lienzo, sobresaliendo hacia el espectador. El tacto tiene poca memoria. Es difícil recordar cómo se siente algo, y en cambio requiere un compromiso constante, una relación, un deseo de permanecer en contacto. Ragá describe su obra como una “herramienta de lucha”, una lucha política contra las construcciones de las mujeres (y de las artistas mujeres). “Las mujeres están realmente preocupadas porque, ser mujer es peligroso… luchar, en este caso, significa que quieres cambiar algo”. México, al igual que gran parte de América Latina, está inmiscuido en una cultura patriarcal y machista, en la que el aumento de los feminicidios y la violencia de género dominan los titulares y las narrativas personales. A través de la representación de mujeres autónomas y de su propia visibilidad como pintora exitosa, Ragá está interesada en cambiar la narrativa, empoderando a las jóvenes para que vean formas alternativas de ser, vivir y crear. 

Me pregunto en voz alta cuál es la responsabilidad del público, sobre todo anglófono, al interactuar con su obra y sus inclinaciones políticas. Nos acercamos para tocar, pero ¿qué consigue aquí nuestra presencia, nuestra mirada, nuestra caricia? “No sé si, tal cual, [la audiencia tiene] una obligación. Pienso que como humanidad tenemos, pues, la obligación de ser más empáticos con los demás y de tratar de ayudar. Pero al menos compartir lo que tienes pienso que es importante…compartir lo que tienes y lo que sabes.”

¿Un ejercicio de solidaridad y empatía? Asiente con la cabeza.

Ana Ragá, “Dance” (2018). Courtesy of the Manuk Gallery

Through her impressive command at both a conceptual level and the level of the brushstroke, Ana Ragá allows us to engage kinesthetically with her work: getting caught up in the angles of the body, the plasticity of the paint itself, or the afterimage of a movement that occurred just before we arrived. We may feel an overwhelming urge to scoop the paint up with our finger, like icing on a cake. While painting remains a visual medium consumed primarily through the eyes, on Ragá’s canvases, tactility reigns. The affective paintbrush thus not only allows us to feel the painting, but to commune with the very human, very tangible subjects it portrays. We reach out our hands, an exercise in solidarity, empathy, and a different form of understanding the possibility of the medium.

Through shaky Internet connections on both ends, Ragá walks me through her studio, allowing me an “in-person” look at her past work. We laugh when the connection cuts in and out as I balance my computer on the windowsill and she stands at the top of the stairs; smiles engraving stories on our skin, light caught up in faces on either side of a continent. I ask her if she considers herself a multimedia artist. Surely, this dynamic command of touch, light, movement, and palpability involves some level of multimodal storytelling. She laughs, perhaps playfully: “I don’t know, I’ve never thought about it…though, now that you say it…”.

Con su impresionante dominio tanto a nivel conceptual como a nivel de la pincelada, Ana Ragá nos permite involucrarnos cinestésicamente con su obra: envolviendonos en los ángulos del cuerpo, en la plasticidad de la propia pintura o en la imagen posterior de un movimiento que se produjo justo antes de que llegáramos. Es posible que sintamos un impulso irrefrenable de recoger la pintura con el dedo, como el glaseado de un pastel. Aunque la pintura sigue siendo un medio visual que se consume principalmente a través de los ojos, en los lienzos de Ragá reina la tactilidad. El pincel afectivo no sólo nos permite sentir la pintura, sino estar en comunión con los sujetos muy humanos y tangibles que retrata. Extendemos las manos, un ejercicio de solidaridad, de empatía, y una forma diferente de entender la posibilidad del medio.

A través de conexiones de Internet precarias en ambos sitios, Ragá me guía por su estudio, permitiéndome echar un vistazo “en persona” a su trabajo anterior. Nos reímos cuando la conexión se interrumpe mientras yo equilibro mi computadora en el alféizar de la ventana y ella está de pie en lo alto de la escalera; las sonrisas grabando historias en nuestra piel, la luz atrapada en las caras a ambos lados de un continente. Le pregunto si se considera una artista multimedia. Seguramente, un dominio dinámico del tacto, la luz, el movimiento y la palpabilidad implica algún nivel de narración multimodal. Se ríe: “No sé, nunca lo había pensado…aunque, ahora que lo dices…”.

Ezequiel González Camaño is a Uruguayan-American (play)writer, performer, and artist based in New York City. He studied Latin American and Iberian Culture Studies at Columbia University, concentrating on performance and sociocultural anthropology. His plays have been workshopped in the United States and Argentina, and his work has been published or is forthcoming in the Columbia Journal of Literary Criticism, Crisol, The Gadfly, Ekphrasis Magazine, and The Paragon Press.

Ezequiel González Camaño es un escritor, performer y artista uruguayo-americano radicado en la ciudad de Nueva York. Se licenció en Estudios Culturales Latinoamericanos e Ibéricos en Columbia University, especializándose en los estudios de performance y la antropología sociocultural. Sus obras de teatro se han presentado en talleres en Estados Unidos y Argentina, y su trabajo se ha publicado o es venidero en Columbia Journal of Literary Criticism, Crisol, The Gadfly, Ekphrasis Magazine y The Paragon Press.

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